martes, 9 de septiembre de 2008

Cromagnon, la ceguera.

En el tiempo de las cruzadas había una secta sufí, muy temida tanto por los cristianos como los propios musulmanes. Según dicen, esta secta cometía asesinatos en nombre de Alá bajo la influencia del hachís. Esta secta pasó a conocerse comúnmente con el nombre de Hashsha-shin. El líder fundador de esta secta se llamaba Hassan Al Sabbah, el cual era conocido como "El viejo de la montaña". Hashsha-shin en inglés dio lugar a "assassin". Según la mayoría de los diccionarios de lengua hispana asesino se aplica a la persona que causa la muerte de alguien con premeditación u otras agravantes, es decir que es capaz de producir la muerte o un daño físico o moral.
Según el filósofo Alejandro Rozitchner Cada expresión artística contiene un mundo, ese mundo puede ser descifrado. Por ejemplo, Un grupo de rock es ante todo una aventura existencial y estética compartida, la constitución de un grupo humano que busca vivir y expresar una vitalidad particular, propia, característica, lanzada al mundo en busca de eco bajo la forma de producciones sonoras, visuales y posturas (o desplantes) estético-morales.

Pensé en analizar estos dos conceptos, para dar pie a lo que es uno de los temas más difíciles para hablar y opinar: Cromagnon. Si pensamos en esa palabra, la primera idea que asocio es “tragedia”. Veo chicos tirados en la calle, arrastrados como bolsas de papa que entran en una verdulería. Veo caos, veo noticieros, veo un fin de años sin petardos ni fuegos artificiales, veo siempre imágenes que son de noche. Como músico, y sobre todo como espectador de rock, me sentí identificado. Quizás por una cuestión de gustos, yo no iba a ser una de esas víctimas, pero si pude serlo, si esto sucedía en el recital de otra banda. Si tuve gente conocida, si oí que amigos de amigos estuvieron, si supe que había gente incluso de mi familia, que pudo haber estado esa noche. ¿Juzgar a quien? Yo se que ni Callejeros, ni Chaban, ni la policía, ni la seguridad privada, ni un manager, ni ninguna persona con bengala es un asesino, como se define a tal termino. Nadie tuvo la intención de matar a nadie esa noche. Pero si, hubo imprudencia, hubo ignorancia, hubo inconciencia, hubo lavados de mano, hubo corrupción, hubo desorganización, hubo…Cromagnon. No voy a dar mi punto de vista sobre que cargo de culpabilidad y responsabilidad tenía cada acusado, no por no manifestar una opinión sino por no tener conocimientos profundos de abogacía; aunque sepa lo que es organizar un recital, lo que es la pre-producción de la organización de un evento y como se maneja un espectáculo de rock, por más under que sea. Lo que si se, sean juzgados los que deban ser juzgados, los “pibes de Cromagnon” no van a descansar en paz hasta que no haya otro Cromagnon en Argentina. Y de eso creo que estamos lejos. Observemos casos simples, como cuanta gente hay arriba de un colectivo en horas pico, o cuanta gente hay en un vagón de subte, donde están las puertas de salida de algunos bar convertidos en boliches a ciertas horas (testeen la zona de Palermo); o casos mas sofisticados que pasan como desapercibidos, un hotel incendiado a metros del congreso por malas instalaciones eléctricas, campos que arden y bomberos que no pueden o no llegan a apagarlos, caos de tránsito, etc. Cromagnon representa la ceguera. La ceguera del humo. La puerta cerrada para salir. Para poder escapar de una tragedia, de un accidente. La vista gorda. La asfixia. El yo veo nada. Pensemos que hacemos cada uno de nosotros para impedir que Cromagnon siga ardiendo con los gritos desesperados de esos chicos. Pensemos no en el Cristo a crucificar, sino en la cruz que vamos a plantar. La cruz que deje una huella, la huella que simbolice un aprendizaje. Hallemos el silencio, de esos ecos resonando desde aquel 30 de Diciembre de 2004, con nuestras pupilas, con nuestros ojos bien abiertos, con nuestra conciencia. Convertamos Cromagnon en luz hacia una nueva salida.

Lui Soulé

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