Lunes 28 de Enero de 2008, Estaba en Yavi, un pueblito muy pequeño al norte del país, junto a mis amigos Javi, Gaby y Ceci (a quien conocí en aquel viaje). Dormimos en un camping precario. El pueblo era muy chiquito, para que se hagan una idea nos ofrecieron hacer la carpa en un gallinero. Tendrá 6 manzanas. Durante esa mañana paseamos y caminamos recorriendo un río, escalamos una quebrada. Era la fecha en que mi sobrinita iba a nacer. La hija de mi prima Marce y Mariano podían estar ya en la sala, viviendo el momento mas importante de sus vidas. Toda mi familia estaría conmocionada por la noticia; y sentía muchas ganas de estar con todos ellos. Pero estaba en un viaje que había esperado mucho; conocer nuestra identidad, descubrir paisajes, hablar con autóctonos. Parte del viaje consistía en no llevar celular. A las 5 p.m. se abrió un locutorio, imagínense que con las características que le di del pueblo, lo que podía ser eso. Obviamente el único teléfono que había no andaba. A las 6 de la tarde teníamos que estar en la Quiaca para tomar un micro que nos llevara a Humahuaca, porque al día siguiente, 29 de Enero yo quería pasar mi cumple en Iruya. De Humahuaca salía un micro hacia Iruya muy temprano, así que no nos quedaba otra que pasar la noche ahí. Cuando llegue a La Quiaca, pensé en buscar un teléfono, pero me fue imposible. Llegamos con el tiempo justo para tomar el micro a Humahuaca con lo cual seguía incomunicado. Al llegar a Humahuaca, luego de encontrar un lugar donde pasar la noche, fuimos a cenar. Era tarde, casi las 23 y media. En cuanto nos sentamos, les dije a los chicos que iría a buscar un locutorio. No podía aguantar un minuto más. Llovía, pero igualmente salí en la búsqueda sin conocer el lugar. Pregunté a un policía y me indicó donde buscar uno que estuviera abierto. Cuando escuché la voz de mi mamá diciéndome que Juana Inés había nacido y que todo estaba perfecto, no lo podía creer. Pagaba por verla. Luego de saludar a mi familia, salí, y me paré frente a la Iglesia de Humahuaca. Me deje mojar mientras sentía una energía extraña. La miré con respeto y esbocé una sonrisa. Las calles empedradas con faroles, muy similar a Colonia de Uruguay, me rodeaban solitarias. Con la ropa húmeda y el pelo mojado comencé a caminar para volver al restaurante. Y ahí no pude más, no recuerdo haber lagrimeado tanto de emoción como aquella vez. Me la imaginaba tan chiquita, rodeada de sonrisas, tan delicada, tan angelical, quería sentirla, quería saber como era. Llegué al restaurante, me vieron emocionados, ya eran casi las doce, y mis 25 comenzaban con una de las noticias mas lindas de mi vida. Juana ya estaba entre nosotros. Un año más tarde, la princesita acuariana es la emoción viva, latente y permanente más hermosa que puede tener mi familia al verla crecer como lo hace día a día.
Feliz Cumple Juanita; para cuando aprendas a leer!!!
Feliz Cumple Juanita; para cuando aprendas a leer!!!
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