Un tipo con un sombrero negro parado en la calle. Lluvia gris, frío de invierno. Las botas salpican las gotas del suelo. Las bolsas de marcas de ropa se balancean como un subibaja a la altura de las rodillas. Ella se toca pensando en él. El tiempo cuenta, marca las horas y el mundo sigue. Tic Tac Toc. El tipo enciende un cigarrillo. Sus ojos miran el suelo. Las nubes de las 6 de la tarde se abrazan. Comienzan a encender las luces que se miran en el espejo del suelo mojado. Sus manos se arrastran como una víbora por debajo de la falda. El tipo espera apoyado en el poste de luz. Los gemidos del balcón son suaves, escurridizos, como si pidieran permiso para salir a jugar. El teléfono suena pero ella no atiende. Vidrios empañados, copas de vinos y platos sucios. Papá y mamá trabajan. La bata blanca colgada en el perchero y la imaginación que sale de compras. Lloran las penas, lloran las princesas que se convierten en reinas. Colores violetas que se pegaron en los párpados. Maquillaje del día anterior. La batería y la distorción. El cielo se hace negro, el humo del cigarrillo sube hasta el balcón y choca como un fantasma contra el vidrio. El ruido de la máquina que vomita el ticket de la compra, las bocinas de los autos que gritan mientras la magia del aroma de la tormenta se esparce. El frío helado en las manos sin guantes, las bufandas ahorcando los cuellos y los diarios improvisando un colchón. El avión sacude el cielo. La guitarra acústica suena en una pieza iluminada. Cada palabra es dirigida hacia la central de mentes, quien las remite al murmullo de la ciudad. El cansancio de la gente que entra y sale del metro. Todo está por brindar y ella invita a su boca sus manos, para volverlas a bajar. El teléfono que suena de nuevo. El sol se tomó vacaciones y los árboles quedaron sin hojas. Los chicos pasean con sus globos. El tipo de sombrero negro mira la hora mientras el humo de su cigarrillo sigue subiendo. Los carteles sobre la avenida titilan encantados. La salsa cae sobre las pastas que se estremecen. Los semáforos cambian los colores de abajo para arriba y de arriba para abajo. Las manos sobrevuelan el corpiño y se deslizan por la panza. El tipo de sombrero negro se convierte en sospechoso y no deja ver su cara. Las gotas de lluvia bombardean las terrazas. La gente corre e intenta tapar sus cabezas. Sus dedos húmedos provocan sudor en su cara. El tipo de sombrero negro suelta el cigarrillo aún encendido. Las confiterías se llenan. El tren pasa. Comienza el despertar de los paraguas. La bota cae lentamente para apagar el cigarrillo. Sus rodillas se chocan, la boca se abre como si fuera a bostezar. El viento sopla. La ciudad se agranda. La guitarra acústica enmudece. El nene llora y el globo vuela. La bocanada de aire se escapa y los ojos se vuelven blancos. La bota pisa el cigarrillo y lo apaga. La ciudad se duerme y el tipo de sombrero negro desaparece bajo la lluvia. El teléfono ya no sonoría.
Lui Soulé.
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