sábado, 26 de diciembre de 2009

Caracoles Alados - La venganza del desierto

El caracol se arrastra. Toca los tambores. Vine de los bosques, de los pantanos, del hambre y con los pantalones bajos. Tráeme la miel - le pido - La derrota se bebe en copas y pienso brindar. Choque de oro, derrite el placer de una lágrima. Magia blanca. La vida late más fuerte que antes. Ahora que todo vuelve, que la tormenta crece. Ahora que es tarde, el reloj ya no calma.
Apoyo mi mano en el piso y levanto mi mirada, veo el horizonte en la ruta desierta. Empiezo a correr. Los Caracoles Alados caen detrás de mí para seguirme. Son viejos guerreros que controlan los tiempos. Ruego por no sudar. Esquivo el filo del viento. Colgante de atrapasueños. Piso la cabeza de la víbora. Grueso tendal para colgar recuerdos.
Volví eterno. Fuerza grande, enmudecida. Clavo mirada, no pierdo de vista mi objetivo. Él sabe a lo que voy. Molinos de viento, la espada de Toledo, las cadenas de hierro. El león ruge al costado de la ruta. Lo saludo y me desea buena suerte. El cuento se hace fábula. Los ecos gritan. Él esta parado, esperándome. Me mira observando la escena.
La orquesta suena. Él se distrae. Mira hacia atrás, intentando saber que hay. Son los Caracoles Alados que tocan los violines de la muerte. Me abalanzo hacia él. Clavo mi espada con la velocidad descorchada. Atravieso su espalda. Sangra, llueve el viento. Se levanta la arena del desierto. La furia crece, tornados eléctricos. Las ropas se desgarran. Se hinchan los músculos.
El combate se congela. La imagen gira. Ya no estoy donde estaba. Explota su entraña. Explota la venganza. Cae arrodillado. El soldado no es tan valiente. Me escupe su sangre en mi cara. Sabe que nada me detiene. No tengo piedad. Revuelvo mi espada en su estómago. Los Caracoles Alados miran expectantes. Levanta las manos hacia el cielo y me ruega que lo mate, pero tengo una mejor idea, empalarlo.
Retiro mi espada y la cuelgo en mi espalda. Cae al suelo. Agarro su nuca y lo arrastro dejando huellas de sangre. ¿Y ahora quien es más fuerte? – pienso. ¿Ahora pide piedad, después de haberme intentado matarme y matar a todo mi mundo?
Los Caracoles Alados lo agarran de sus brazos y lo levantan contra la punta del palo. Lo cuelgan de su trasero. Su cuerpo se resbala, se hunde. Llora, mientras la punta lo perfora. Sabe que nada lo podrá salvar. Tiene las horas contadas. Todo dependerá de cuanto dolor soporte “El Dolor”.

Lui Soulé


1 comentario:

  1. ah, pero que buena foto viejo!!!!! Parece un antiguo guerrero aborigen contemplando desde las alturas el inmenso valle. Pero ese palo que te sostiene me lo choreaste a mi...o en su defecto a Ceci, la fotografa oficial de puertas y ventanas del norte.
    De ese dia me acuerdo varias cosas: 1)a la mañana fuimos al Pucara. 2) al mediodia me chive y me fui a comer solo a la plaza, ustedes comieron empanadas con un desconocido. 3) La foto es en la garganta del diablo, nos matamos caminando bajo uno de los pocos dias de sol-sol que hubo.4) te acordas que cuando empezabamos la caminata nos preguntaron: Ustedes son del Jose Hernandez? (eso fue re-loco).5)Me acuerdo de los vagos que estaban re borrachos y garcaban a los costados de los caminos y despues habian tomado la catarata al final del camino. 6)A la vuelta pasamos por los tuneles de agua y no se veia un carajo!!!. 7) Despues de eso, por el mismo camino que tomamos, pasamos por un caminito que teniamos que cruzar por un precipicio (Chabon, volve a ver las fotos de eso y decime que te produce). era medio metro y el precipio al lado...
    8) A la noche aparecio el burro en el camino oscuro a las cabañas
    9)A la noche comimos con el amigo Horacio, cocinamos la llama y tomamos vino...todo para ver el Boca-river...ajjajaaj.
    10) 2-0 con goles del seba y el Titan que se colgo del travesaño para empujarla.

    Amigo, un fuerte abrazo.

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